lunes, 12 de julio de 2010

Después de amarnos...

Cuando después de habernos amado,



te quedas quieto entre mis brazos,


me invade una inmensa ternura,


siento que hasta el cielo he volado,


sujeta a suaves y estrechos lazos.


Tu alegría y placidez me conmueve,


sonriendo te repito mil veces te amo,


mientras cubro tu rostro con mil besos,


besos que no son apasionados,


sino pequeñitos, cariñosos,


puros, tiernos y emocionados.


Te acomodas a mi lado dulcemente,


te escucho respirar calmado y sereno,


con tu cabeza sobre mi pecho sonríes,


sintiéndote dueño del mundo entero.


Fuimos uno, yo muy tuya, tú muy mío,


en momentos que volaron cual estrellas fugaces,


mientras una roja pasión nos envolvía,


como a dos enamorados, amigos y amantes,


sumergidos en un torrente de caricias y de besos,


que tu piel y mi piel húmedas y anhelantes recibían.


Ese fuego que alimenta nuestra entrega,


lo hace arder cada vez nuestra ternura,


que como al atizar las brasas de una hoguera,


se re enciende con nuestro amor de cada día,


ese amor que una vez consumado no desaparece,


porque al hacer tú y yo de nuestros cuerpos una vida,


la amorosa unión que abraza a tu alma y a la mía,


cual fuego que con el viento se aviva, siempre crece y crece.

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