Estoy desolada, dijo el alma
al corazón mal herido,
tú y yo hemos sufrido
los embates del destino.
Creí que tanto me amaba
porque me había elegido,
por ser la que tanto buscaba
y que apareció en su camino.
Y entonces supe que yo no era
la que en sus sueños moraba
sino una joven enamorada
que la muerte le arrebatara.
El corazón dijo entristecido
al alma consumida de pena,
ya no llores y agradece lo vivido
pues vistió de color tu primavera.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 11 de Septiembre del 2013





