Espero tanto por tus caricias,
espero tanto por tus besos
como espero que llegue la noche
y me traiga el calor de tu pecho.
Quiero que humedezcas mi cuello
con el vaho tibio de tu aliento
y que te amarres a mi espalda
con la fuerza imbatible del viento.
Si tan solo por una vez me dices al oído,
amor mío, lo mucho que me amas,
te prometo que fundidos en uno,
indiscreta, nos encontrará la mañana.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 10 de Septiembre del 2013

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