Pedí al cielo que me enmarcara
una linda sonrisa de la luna
para traerte un regalo
que tu cuarto engalanara
porque sé que a ti te enamora
esa sonrisa como ninguna.
La luna se sintió halagada
de saber que tú la mirabas
y sonrió para ti desde lo alto
vestida solo con su piel de nácar,
allí te dejó una sonrisa enmarcada,
y entre cuatro maderos colgada.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 3 de Septiembre del 2013

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