Nada me vuelve más calma y serena
que sentarme a soñar junto al mar,
entre cantos de gaviotas y arena,
disfrutando alegrías sencillas
como las de esas blancas olas
que sin pretensión alguna,
revientan suavemente en la orilla
coronándola de espuma.
El viento que viene de adentro
trae hasta mí la sal de tus besos
y alegre juega con mis cabellos
como tú en nuestros momentos,
indiscreto me recorre toda entera
humedeciéndome con la brisa,
como si él también quisiera,
arrancar de mi boca una sonrisa.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 29 de Agosto del 2013




