Sé que no fui yo
la primera en nombrarte,
sé que tu nombre
fue palabra en labios de otra,
que me ganó la partida
y se adelantó en nombrarte.
Sin embargo también sé
que nunca antes en la vida
te sentiste tan hombre
como aquella noche ardiente
en que por vez primera
y con voz temblorosa,
te nombró mi boca
mientras tú ahogabas,
desnudo de ropas
entre mis pechos tibios
y la humedad de mi rosa.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 28 de Agosto del 2013

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