Hagamos del invierno,
una dulce primavera,
hagamos de la lluvia,
mil gotas de rocío,
perfumadas de verbena,
que humedezcan tu cara,
tan tibias y verdaderas
como los besos míos.
Hagamos de las penas,
motivos de arrullos,
hagamos de las lágrimas
un collar de perlas,
anudadas de esperanzas
que cuelguen sobre mi pecho,
como noche a noche
se cuelgan los besos tuyos.
Hagamos de las dudas,
un manto de hojas secas,
que se vuelen con el viento
arrastando las tristezas,
devolviéndonos la calma,
restaurando la certeza
de que en todos los momentos,
nos amamos con el alma.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 15 de Agosto del 2013

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