Principito mío
de cabellos dorados
de trigo maduro,
de ámbar cristalino,
de caramelo tibio,
de rayos de sol
sobre otoñales caminos.
Principito tierno,
vigilante nocturno
de estrellas y cometas,
de soles y lunas,
de rosas y planetas
pensador eterno,
una luz en la bruma.
Principito en mi reino,
de auroras y noches
ciñendo mi talle,
te convertiste en rey
de mis oscuros ojos,
de mis montes y valles
y de mis labios rojos.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 23 de Agosto del 2013

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