domingo, 11 de julio de 2010

Cuando te llamo amor

Cuando te llamo amor,



te llamo todo,


mi paz, mi calma,


mi descanso en el recodo.


Mi calor de invierno,


mi alegría del alma,


de mi vida el dueño,


el bálsamo para mi nostalgia,


de mi dormir el sueño,


el que llena mis pensamientos,


mi romance eterno.


Ese árbol y su sombra


bajo el sol ardiendo,


ese abrazo que me acoge,


ese cariño en el silencio.


Ese torbellino de pasión


que me eriza la piel,


que me nubla la razón,


que hace palpitar mi corazón.


Ese suspiro de tu boca,


que vuela hasta mi pecho,


que mi locura provoca,


cuando te siento en mi lecho.


Ese huracán que desatan,


esas caricias dormidas,


esos besos tuyos que me matan,


pero que me llenan de vida.


El fresco aire que respiro,


que me mantiene viva,


esos ojos que en ti miro,


que me tienen aturdida.


Esas palabras encendidas,


que me murmuras al oído,


con ese respirar tuyo agitado,


que enloquece mis sentidos.


Ese reventar de tus olas,


en mi cuerpo estremecido,


ese sentirte feliz y quieto,


pronto a quedarte dormido,


meciéndote en mis ríos inquietos.


Al agua que humedece mis labios,


cuando estoy muriendo de sed,


a ese pan que me sostiene,


como a los peces la red.


A la clara luz de la luna,


que ilumina mi pared,


aclarando la penumbra,


al brillo de ese lucero,


que veo desde mi ventana,


y que en medio de la noche,


augura alegría a mi mañana.


A la sábana que me cubre,


y a la ropa que me abriga,


que a mi piel sólo la descubre,


ese a quien yo amor le diga,


y ese eres por siempre tú,


que me eligió su mujer,


su amante tierna,


su confidente y su amiga.

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