Castañas asadas,
eternos frutos de invierno,
que delicia, que recuerdos,
una noche nevada,
un diciembre en París,
abrigados recorríamos,
calles alegres e iluminadas,
que esperaban navidad,
una navidad en tierras lejanas,
y mi alma entusiasta suspiraba
en esa noche azul y estrellada,
por ese embrujo de amor,
que en la ciudad luz yo buscaba,
y todo era un mirar fascinada,
en ese París de ensueño,
que desde mi niñez imaginaba.
Dónde se guardará aquí el amor?
en mi inocencia preguntaba,
sin saber que desde que nací,
en mi alma y en mi ser,
sus semillas por germinar ya llevaba.
Y esos corazones tan dulces,
que en la calle me comprabas,
dorados, crujientes, asados,
ardientes, blandos, casi quemados,
que riendo al dolernos nuestras manos,
para nuestro hijo tú y yo pelábamos,
traían almíbar caliente a nuestras bocas.
Y yo ilusionada al comerlos imaginaba,
el dulzor y el calor de esos besos,
que mis labios de siempre esperaban.
París una noche de diciembre,
navidad, comercios, villancicos,
guirnaldas de luces, nieve y frío invierno,
barrios hermosos de pintores y músicos,
dejaron grabados en mi joven corazón,
cálidos recuerdos que hoy, al pasar del tiempo,
unas simples castañas, nuestras y cercanas,
con su dulce sabor, ilusiones y cariño revivieron.


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