Sentada junto a la fuente
escucho el canto del agua
que corre clara y transparente
refrescando a la brisa cálida
con un rocío de gotas perladas
que mojan a mi piel ardiente
haciéndome recordar tus labios
cuando encerrada entre tus brazos
y vestida por el calor tu cuerpo,
con mil besos la humedeces.
Acompasan el caer rítmico del agua
bambúes que se cimbran con el viento
y que con el golpear de sus cañas vacías
van poniendo seductoras melodías
a sus ondulantes movimientos.
Y en la tranquilidad de mi tarde
en mi refugio junto al cerro,
cierro los ojos y pretendo
cierro los ojos y pretendo
que a tu lado feliz me duermo,
pero sólo quiero hacerte parte
de la ilusión y del paisaje,
soñar que te tengo conmigo,
que estás aquí para amarte.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 5 de Enero del 2010

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