En la quietud de la tarde
bajo un sol que brilla suave,
me he quedado dormida,
no sé si fueron segundos
no sé si fue toda la vida,
pero en mi sueño profundo
me refugié en tus brazos
y cubriéndote de besos,
me confundí con tu piel,
quise sentirme querida.
No sé cuanto rato pasó,
cuando tú estás conmigo
el tiempo no avanza,
se detiene el reloj,
y fuimos uno en el abrazo
y fuimos uno en el amor,
tu cuerpo se fundió en el mío
al calor de mi corazón
y te quedaste allí muy dentro
cuando mi corto sueño terminó.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 19 de Enero del 2011
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