Mujer, la naturaleza
te hizo frágil, dulce,
de caderas anchas
y pechos redondos
como uvas maduras,
de manos suaves
y corazón grande
para dar vida, nutrir
y entregar ternura.
Mujer por tus hijos
entregas la vida,
enjugas su llanto,
curas sus heridas,
calmas sus penas,
y pasas las noches
buscando soluciones
a causas ajenas.
Repartes aliento
como alimento diario,
te guardas tus sueños
escondes tus males
para sonreír a quienes
en ti confían sus ideales,
pero en tu corazón inmenso
inundado de cariño,
hay un espacio lleno
de un deseo intenso
de recibir amor tierno,
ese de caricias,
ese de afecto,
ese de palabras,
ese de gestos,
ese que emociona
que llega hasta el alma,
una flor un día,
un desayuno en cama,
un beso sin motivo,
un abrazo al alba,
un te quiero,
un me importas,
un te llevo conmigo,
una simple llamada.
Las mujeres pueden ser
de cuerpos muy diferentes,
pero sus corazones
son todos semejantes,
sienten el mismo amor,
tienen las mismas necesidades,
tanto desean un beso
como el calor de una mirada,
tanto quieren ternura
como necesitan ser amadas.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 25 de Enero del 2011

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