No hay mejor camino
para despertar la pasión
que habita en el corazón
de una mujer enamorada,
que abordarla tiernamente
acariciándola con dulces palabras
que van suave y lentamente
entibiando su sangre dormida,
que pasa de lago a torrente
despertando su cuerpo a la vida
de besos y caricias ardientes.
Si tienes la fuerza y la delicadeza
de amar a una mujer
con el ardor de la paciencia,
mil veces serás bendecido
con momentos que te lleven
al deleite del éxtasis y la emoción
en los brazos de quien amándote
te entrega no sólo un cuerpo
sino toda su vida y su amor.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 11 de Enero del 2011

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