Fueron tus ojos
los responsables,
fueron tus ojos
los que se clavaron
como dos puñales
en mis labios rojos,
y aunque de sangre
hirviente se inundaron,
mis labios no sólo
mis labios no sólo
a la muerte vencieron,
a la vida otra vez
ilusionados renacieron,
se llenaron de fuego,
ilusionados renacieron,
se llenaron de fuego,
se llenaron de amor,
se llenaron de deseos,
de ansias de sellarse
en un beso eterno,
en un beso que nunca
acabe de darse,
en un beso ardiente
que derrita las barreras
entre tú y yo existentes,
en un beso dulce
que alimente mis sueños
cuando tú estás ausente,
en un beso embriagador
que adormezca mis sentidos
para sentir que sólo
en tu abrazo que forma mi nido,
fundida en tu pecho,
del aire tibio de tus suspiros,
amor mío respiro y vivo.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 6 de Enero del 2010

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