Encerrada entre tus brazos
me siento la dueña del mundo entero,
descansando junto a tu pecho
cierro los ojos, vivo y pienso
que eres en la noche mi lucero
anunciando que viene la madrugada,
y por tu amor dulcemente desespero
compartiendo sueños con mi almohada,
y para amarte con mil suspiros te despierto,
porque mi cuerpo de amor sediento
se derrite al calor de tu cuerpo
buscando ansioso la humedad de tus besos,
y así voy viviendo este dulce despertar
como si fuera la fresca brisa del mar
la que empapa de sal mis senderos secos,
mientras tú y yo tendidos sobre la arena
nos amamos en nuestra playa de ensueño.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 2 de enero del 2011
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