sábado, 22 de enero de 2011

No cubras mi boca




No cubras mi boca con tu mano
mientras besas mis pechos benditos,
no temas que rompa el silencio
que envuelve el momento de amarnos,
con mi respirar agitado y mis suaves gritos.

Han sido mis pechos la puerta de entrada
a las vidas que he llevado guardada
como un tesoro inmenso y fecundo,
ha sido su leche nutriente sagrado
la que ha traspasado mi esencia de madre
a los hijos que el amor en mí ha engendrado.

Han sido también mis pechos
la copa preciosa en que tú has bebido
haciéndome sentir la dueña absoluta
de un tesoro repleto de amor encendido,
de un tesoro que sólo comparto contigo,
de un cofre lleno de sensaciones puras
del que sólo tus labios y las yemas de tus dedos
tienen la llave de su cerradura,
para abrirme a un mundo de emoción verdadera,
si mientras tú me besas me estremezco entera.

Bendita y sabia naturaleza
cómplice de nuestro instinto,
que nos hace madres y mujeres
preparadas en cuerpo y alma
no solo para alimentar nuestros hijos,
sino también para vivir sensuales emociones
para hacernos sentir que por amor vivimos,
para unir en un íntimo abrazo a dos corazones,
para acunar a quien amamos en el calor
de nuestros tibios pechos,
que así como alimentan con suave ternura,
responden ardientes a la pasión de un beso.


María Elena Astorquiza V.
Santiago, 22 de Enero del 2011

Maria Celeste, Mascarón de proa, uno de los preferidos de Pablo Neruda y que pertenece a su casa de Isla Negra.

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