Lima, Perú
Tendidos a la sombra de un árbol
huyendo de las horas calurosas,
puedes escapar del sol ardiente,
pero no así de mis manos ansiosas,
mientras tú cierras los ojos ingenuamente
entregado a la tenue brisa,
ellas se mueven inquietas y laboriosas
desabotonando tu camisa.
Mis dedos se deslizan
desde tu cuello a tu pecho,
ese fuerte pecho tuyo
que a mil pasiones me incita,
te recorren suavemente
al tiempo que a mi boca invita
a humedecerlo con mis besos,
tú sólo te dejas querer sin prisa,
ni te niegas ni participas,
pretendes hacerme creer
que estás cansado y dormitas,
pero basta que yo me detenga
para que tu corazón se acelere
y en tu cuerpo la sangre se agita,
su rojo torrente en mí se hace río
y ya no hay botón ni en
tu camisa ni en mi vestido,
que al deseo de amarnos se resista.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 10 de Enero del 2011

No hay comentarios:
Publicar un comentario