Quién nunca ha tenido
una pena de amor,
es porque no sabe lo que
significa estar enamorado
ni entregar el corazón.
Quién nunca ha llorado
de amor una ausencia,
no conoce de las alegrías
vividas en la emoción
del profundo reencuentro.
Quién nunca ha sufrido
soledad de caricias
y de tiernas palabras,
tampoco puede entender
las necesidades del alma.
Quién nunca ha dado gracias
por amar y ser amado
es porque no ha aprendido
nada de la vida,
que ésta se vive realmente
sólo entre dos almas compartida.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 21 de Febrero del 2011
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