Déjame amarte a fuego lento,
como se quema el cielo en el ocaso
que no por arder más suave,
el calor es menos intenso
que el que puedan darte mis brazos,
es sólo que yo deseo
alargar esos dulces momentos
en que eres mío, en que te tengo,
y recorrerte palmo a palmo
sin tener que contar el tiempo,
con mis manos tibias
y mis labios ardiendo.
Quiero que lentamente
te quemes en mi hoguera
y apasionado me pidas que
tu piel encendida apague
con la humedad de mi boca,
yo cubriré con mil besos
tu cuerpo de extremo a extremo,
tú, de amor me volverás loca
y ya aplacado nuestro fuego,
como brasas a la espera del viento,
volveremos a amarnos en silencio.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 21 de Febrero del 2011
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