Podría pasar las horas
sentada a la orilla del mar,
en la arena mojada,
siguiendo el vaivén de las olas,
contemplando la marejada,
queriendo ser una gaviota
que libre remontara el vuelo,
y desde el alto cielo
dominara el mar entero,
dejando que el viento
con el batir de mis alas,
bañara mi cuerpo,
acariciara mi cara.
Podría pasar las horas
mirando como las olas
junto a mí revientan
y sentir en el rocío de
su espuma blanca,
a tus húmedos besos
que mi piel refrescan,
que si en el mar mi alma
te encuentra,
es porque del mar eres hijo,
porque del mar a mí llegaste,
porque nos unieron las olas
y la brisa salada
que pegada a mi piel
con tus labios quitabas
quedando sediento
de amor y miradas,
y sólo mis vertientes
esa sed apagaban
mientras la luz de mis ojos
tu noche alumbraba.
María Elena Astorquiza V.
Las Tacas 16 de Febrero del 2011
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