Anoche en la arena
me he quedado despierta
y de una tierna y fogosa
historia de amor,
he sido testigo indiscreta.
Vi como la altiva luna,
decidida y coqueta,
hacia el mar se acercaba
dispuesta a conquistarlo
sin duda ninguna,
y cubriéndolo de besos
enamorada preparaba,
con sábanas doradas
para el amor su lecho.
El mar azul profundo
se dejaba acariciar
por su mujer amada
en un silencio oscuro
y abriendo sus brazos
de espumas saladas,
dichoso la invitó a bajar
para dormirse juntos,
y la luna tímida y turbada
enrojeció pudorosa
al imaginar el encuentro,
y resuelta y anhelante
siguió bajando hacia él
hasta entregarle su cuerpo amante,
y su delicado rubor se hizo pasión
en una hoguera húmeda de amor.
María Elena Astorquiza V.
Las Tacas, 13 de Febrero del 2011
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