Amor, tú que me has enseñado la ternura,
tú que me das tanta compañía y cariño,
me haces sentir que recibirte en mis brazos,
ha sido un hermoso regalo de la vida,
de esos que ni se esperan ni se imaginan.
Nos puso un día frente a frente en un cálido abrazo,
y nos acercó para recorrer de la mano el mismo camino,
a mí me bastó sólo la transparente mirada de tus ojos,
para darme cuenta que estabas tú amor, en mi destino,
y decidida y feliz acudí a tu dulce llamado,
aprendiendo a conocer contigo, al más sincero de los amigos.
Esos momentos que juntos hemos vivido,
de inmensas alegrías y algunas veces de dolor profundo,
han quedado en mi libro de recuerdos registrados,
sin necesitar de palabras ni de imágenes,
sólo atesorándolos en el valor real que tienen,
como esos besos tiernos y ardientes que recibo,
o esos abrazos y palabras de consuelo que me has dado.
Todas esas muestras de cariño que me entregas,
son semillas que germinan en mi jardín de sueños,
llenándolo de las flores más puras, coloridas y bellas,
perfumadas de fragancias sutiles pero duraderas.
Este jardín de amor que tanto quiero,
lo riego a diario con el rocío de mis suspiros
y tú me ayudas con la humedad de tus besos,
y a veces también con lágrimas que mis ojos vierten,
cuando estando tú de mi lado ausente,
mi triste corazón acongojado te extraña
y sufre por la inmensa pena de no tenerte.

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