domingo, 1 de agosto de 2010

El tiempo

Estoy cierta que las manecillas de los relojes

que han medido el paso del tiempo en la historia,


han estado siempre equivocadas,


ellas no han considerado para contarlo,


el tic tac de un alma enamorada.


Los minutos son para mí siempre más cortos


cuando me pierdo feliz entre tus brazos.


Los minutos en que me das ese amor que tanto quiero


no pueden tener sesenta segundos,


tienen por lo menos veinte segundos menos,


que se suman a esos otros sesenta momentos


de esos minutos sin ti, esos en que no te tengo.


Me sucede lo mismo con las horas,


cuando tú y yo estamos juntos un día entero,


no me parece que haya tenido veinticuatro,


siento que fue un día que de horas sólo tuvo una docena,


y las otras doce se agregan a esos días


en que mi corazón te extraña y siento pena,


esos días en que por no tenerte pierdo la alegría,


y en que mi hambre de ti se alimenta con el recuerdo


de haber recorrido tu cuerpo amado con mis caricias.


Quisiera invertir la duración de las horas,


que aquellas en que estás entre mis brazos,


fueran las horas más lentas y largas,


porque para disfrutar de tus húmedos besos,


para mí siempre el tiempo es un bien escaso.


A cambio quisiera que esas horas de tu ausencia,


que nunca terminan, que nunca se acaban,


pudieran correr raudas como un caballo desbocado,


para que el tiempo pasara sin que me diera cuenta,


y pudiera disfrutar pronto de la miel de tus labios amados.

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