domingo, 1 de agosto de 2010

Compartiendo

Siempre aprendí que en la vida,

las cosas que mucho te gustan


saben mejor compartidas,


y me acostumbré a compartir de todo,


mis dulces, mis libros, mis juguetes,


todas mis cosas lindas y queridas.


La costumbre se hizo hábito


y el hábito se hizo norma,


y aunque dispusiera de muy poco,


compartía de cualquier forma.


Pero toda norma tiene su excepción,


hay tesoros que no comparto,


ni por cariño ni por razón,


ni siquiera apelando a mi conciencia,


podrías convencer a mi corazón.


Esos son los besos de tu boca,


que si me ofreciste ser yo la dueña,


son todos míos, aquellos que ya me diste


y esos con que todavía sueñas.


En eso no soy generosa ni buena,


y si tú los vas regalando al viento,


tengo que decirte lo que siento,


y aunque luego me muera de pena,


mis labios sellados serán tu condena….

No hay comentarios:

Publicar un comentario