miércoles, 25 de agosto de 2010

A la madre del minero

Mujer, madre doliente del minero caído
lloras porque tu hijo amado no vuelve,
sé que es inútil y en vano pedirte que
contengas tus lágrimas que en la tierra se pierden.
El llanto por la pérdida de un hijo,
es una vertiente que de brotar nunca se cansa,
un caudaloso río que de correr no termina,
la herida de una lanza que lacera el alma,
la impotencia de no poder evitar el sufrimiento
a ese hijo que trajiste al mundo y nació a la luz,
mientras sangraban dolorosamente tus entrañas.


Mujer, madre sufriente de corazón abatido,
deja descansar a tu hijo ya en la tierra,
no hagas más difícil su inesperada partida,
dale un descanso a tu corazón aunque no puedas,
y piensa que tu niño amado se durmió en paz
soñando con los brazos de su madre querida,
esa que le preparaba a diario su café,
se preocupaba de tener su ropa limpia
y lo esperaba con una humeante comida.

Madre de ese minero fuerte y joven
que para ti sigue siendo un niño,
déjame que llore de mujer a mujer contigo,
que me siente en silencio rezando a tu lado
y que en un abrazo estrecho te entregue mi cariño,
que tus hijos y mi hijos son hombres iguales,
sin importar que lleven diferentes caminos,
ambas somos madres amantes y sufrientes,
cuando a ellos los golpea duro el destino!

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