lunes, 9 de agosto de 2010

Qué hago con este mar?

Qué hago con este mar que me enamora,

que me envuelve con el romper de sus olas,


impregnándome de ese sensual aroma salado,


que penetra hasta el fondo de mi cuerpo,


quedándose luego en los poros de mi piel atrapado


para que yo nunca pueda sentirme sola?


Qué hago con este amor a sus aguas verde azuladas,


que cambian de tonalidad segundo a segundo,


que atraen a mis ojos y dejan en él fija mi mirada,


llenándome de sentimientos tiernos y profundos,


que hacen de este mar amado mi pedazo de mundo,


aquel lugar querido en donde tan pronto puedo me cobijo,


y sin importarme el frío ni el viento, yo como refugio elijo?


Qué hago con estas ansias de reflejarme en sus aguas


para satisfacer las necesidades de mi alma inquieta,


si sólo cuando estoy a su lado sentada sobre la arena,


contándole de mis ilusiones o haciéndole un requiebro de amor,


en el acompasado ir y venir de sus olas, recobra mi ser la calma


se llena de alegría mi alma y se alejan de mi corazón las penas?


Y la respuesta a mis interrogantes me llega sólo con mirarlo,


si este mar a veces tierno, a veces furioso, me ha cautivado,


es porque en el verde de sus aguas toda mi voluntad ha naufragado,


y mi ser entero lo extraña, lo busca, lo necesita y lo llama,


porque para mí el rugido de sus olas al reventar se hace palabras,


esas que por oírlas mi enamorado corazón suspira y clama.

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