Por ardientes que sean tus besos,
por agitado que respire tu pecho,
por impacientes que sean tus labios,
por atrevidas que sean tus caricias,
es tan grande tu amor en el lecho,
tan transparente tu mirada en la mía
y tan grande mi deseo de ser tuya,
que si tengo tus brazos rodeando mis caderas,
desnuda, me siento vestida por mi piel morena.
Hay en ti tanta ternura para amarme
que aún después de tanto tiempo
de recorrer mi geografía y aprender mi historia,
conociendo de memoria los senderos de mi cuerpo,
cada noche tus manos me recorren entera
y besas ansioso mis pétalos mojados de agua fresca
como si siempre revivieras en mí aquella vez primera
en que confiada te entregué mi alma y mi pureza.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 8 de Agosto del 2012






