lunes, 13 de agosto de 2012

Por ardientes que sean tus besos


Por ardientes que sean tus besos,
por agitado que respire tu pecho,
por impacientes que sean tus labios,
por atrevidas que sean tus caricias,
es tan grande tu amor en el lecho,
tan transparente tu mirada en la mía
y tan grande mi deseo de ser tuya,
que si tengo tus brazos rodeando mis caderas,
desnuda, me siento vestida por mi piel morena.

Hay en ti tanta ternura para amarme
que aún después de tanto tiempo
de recorrer mi geografía y aprender mi historia,
conociendo de memoria los senderos de mi cuerpo,
cada noche tus manos me recorren entera
y besas ansioso mis pétalos mojados de agua fresca
como si siempre revivieras en mí aquella vez primera
en que confiada te entregué mi alma y mi pureza.


María Elena Astorquiza V.
Santiago, 8 de Agosto del 2012

Ni llave ni cerrojo


Mira como he cerrado
la puerta de mi alma
esperando que tú vengas cada día
y con un suspiro la abras.

Esta amapola encendida
es tu llave y el cerrojo de mis ansias,
tú la miras, tú la besas, tú la soplas,
tu aliento la deshoja y le da vida.

Amapola roja, sencilla y sola
tú eres yo, la mujer de sus ojos,
y desde que me dio el primer beso
para su boca ya no fuiste llave ni cerrojo.

María Elena Astorquiza V.
Santiago, 9 de Agosto del 2012

Escultor y amante


Tantas veces las yemas de tus dedos
recorrieron día y noche mis contornos
que mis montes, valles y laderas
tomaron las sensuales formas
que tus ardientes caricias le otorgaron,
como si mi cuerpo entero hubiese sido
un cúmulo de arcilla humedecida,
blanda como la tierra cuando llueve
que tus manos amasaban tiernamente
redondeando suavemente mis relieves.

Fuiste escultor y amante,
labrador de la figura humana,
tallándome en silencio
y sin que nada te apartara,
delicado y perseverante,
traspasaste la luz de tu mirada clara
a mis ojos de gaviota que buscaban
cardúmenes de peces en el agua,
pintaste de rosado mis mejillas
tiñéndolas alegremente de vida,
arremolinaste mis cabellos
y con el pincel encendido de tus besos,
dibujaste en mis labios rojos
una sonrisa que agradece al cielo.


María Elena Astorquiza V.
Santiago, 9 de Agosto del 2012

Esos dos pozos de aguas verdes


Esos dos hermosos ojos escondidos
tras la mirada clara de tu rostro pensativo,
son ojos que me han mirado enternecidos,
empapados en lágrimas de amor y de cariño.

Esos dos ojos que con su mirar me inundan,
espejos vivos de una mente que me piensa,
son mis dos luceros anunciando la mañana
y mis dos estrellas en la noche que comienza.

Esos dos pozos de aguas verdes y profundas,
con solo mirarme han intentado quitarme la sed
pero mis labios sedientos se han negado a beberles
hasta que en el vaso de mi boca me den de beber….

María Elena Astorquiza V.
Santiago, 10 de Agosto del 2012

Vestida de ti


Me gusta llevar puesta
tu camisa abierta
sobre mi piel desnuda
después de que
hacemos el amor,
es como quedarme
para siempre atada
entre tus brazos,
haciendo míos
tu aroma y tu calor.

Siento que si voy
vestida de ti,
me hago otra vez
carne de tu carne
y se hacen vida
mis sueños de
acompañarte por
dondequiera que vayas
sin que nada pueda,
separarte de mi…..

María Elena Astorquiza V.
Santiago, 11 de Agosto del 2012

Mujer de luna y de estrellas


Tú me hiciste mujer
de luna y de estrellas,
etérea, brillante y ligera 
como el sol de primavera
que devuelve a la vida
a las flores más bellas.

Tú me hiciste mujer
de cielos enrojecidos
al amanecer y al ocaso,
boca de besos dormidos,
piel que solo vive y sueña
con entibiarse entre tus brazos….

                                          María Elena Astorquiza V.
                                          Viña del Mar, 11 de Agosto del 2012

Puñados de estrellas


Ay amor, si tan solo con el impulso de mi pelo al viento
pudiera correr ligera y descalza sobre la luna,
alzando mis manos abiertas hacia el firmamento
para coger puñados grandes de estrellas
con las que iluminara tu noche oscura,
te escribiría con letras encendidas un verso
en la penumbra dormida de tu techo
que te dijera, amor mío, cuánto te quiero!

Ay si tan solo mientras tú duermes quieto
yo pudiera treparme hasta el mismo cielo
para ocupar siquiera por un momento
el mismo lugar que ocupa esta noche la luna
y como ella tener la fortuna de contemplarte
repitiéndote en silencio, mil veces el mismo verso
hasta adentrarme en tus pensamientos,
haciéndome carne de tu carne en tu vida y en tus sueños.


María Elena Astorquiza V.
Santiago, 12 de Agosto del 2012