Me miré en tus ojos
de pupilas negras
y de iris verde río
sintiendo que la tierra,
como tus húmedos besos
eran desde siempre míos.
Se me clavaron mil agujas
en la piel y nunca tuve frío,
fueron solo tus suspiros
los que me estremecieron
esa tibia tarde de estío.
Me apegué a tu pecho
con mi pecho desnudo,
acortando distancias,
desterrando el vacío,
haciendo gemir tus labios
hasta esa tarde mudos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario