Mira como he cerrado
la puerta de mi alma
esperando que tú vengas cada día
y con un suspiro la abras.
Esta amapola encendida
es tu llave y el cerrojo de mis ansias,
tú la miras, tú la besas, tú la soplas,
tu aliento la deshoja y le da vida.
Amapola roja, sencilla y sola
tú eres yo, la mujer de sus ojos,
y desde que me dio el primer beso
para su boca ya no fuiste llave ni cerrojo.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 9 de Agosto del 2012

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