martes, 7 de agosto de 2012

Tu velero



En la rada quieta de la bahía de mi cuerpo
ha recalado de madrugada tu velero
anclando profundo en mi alma,
sus dos velas hinchadas al viento
volando ligeras cuál si fueran alas blancas
son la insignia de tu pecho marinero,
tibio confidente de mis deseos y mis sueños
y su erguido mástil apuntando hacia el cielo
es un testimonio mudo pero vivo y señero
de que hoy quieres pertenecerme por entero.


María Elena Astorquiza V.
Santiago, 7 de Agosto del 2012

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