En esta noche sin luna ni estrellas,
desde el silencio de mi cuarto
siento soplar fuerte el viento
como si fueran tristes lamentos
arrancados de entre la bruma.
Contra los vidrios desnudos,
se anuncia golpeando la lluvia
mientras mis ojos cansados,
se rinden buscando el sueño
acunados por versos mudos.
Y me despido del día que acaba
soñando con despertar mañana
habitando un país solidario,
de tolerancia entre hermanos,
herederos de una misma casta brava.
No quiero ya más heridas en la memoria,
en mi alma dolorida no caben más tristezas
porque siendo hijos de una misma tierra,
no hemos aprendido nada de la historia
y seguimos negándonos a compartir la mesa.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 7 de Septiembre del 2013





