A solas frente al mar,
no llores por lo que fue
ni por tus sueños idos,
agradece esos momentos
que aceleraron tus latidos
que aceleraron tus latidos
y te sentiste tan amada
sin saber que eran fingidos
esos dulces sentimientos.
Solo piensa en tantas veces
en que ese hombre que amas
te hizo el amor de madrugada
entibiando tu fría cama
mientras lo besabas por horas
encerrado entre tus brazos
hasta que se iba la noche
y reventaba ya la aurora.
Qué importa si esos besos
ya nunca mojarán tu boca,
cuántas cosas en la vida
esperaste que llegaran
sin ser jamás por ti vividas
y aún así sigues existiendo,
desangrándote por dentro
y con el alma triste y rota.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 17 de agosto del 2014
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 17 de agosto del 2014





