Ella no lo sabía
pero dormida lloraba,
suspiraba y reía.
Eran sus sueños
su refugio secreto,
allí donde a solas vivía
esos momentos quietos
sin prisas, sin ausencias
que dejaban en su rostro
dibujada una sonrisa
y en sus ojos de agua,
lágrimas de alegría.
Ella se dormía de noche
en una calma preciosa
donde todo era colores,
una luna que brillaba,
unos grillos que cantaban
y dos luceros de fuego,
pregoneros del alba
que llegaba hasta su lecho
con su carga tan amada
de caricias, amor y besos.




