Me gusta dormir
con tu pecho de abrigo,
atada a tu espalda
entre tus brazos tibios
y aunque te sé conmigo,
en mis sueños te sigo
por donde sea que vayas,
por todos tus caminos
aunque no me lo pidas
y me miro en tus pupilas
buscando un te quiero
no escrito en palabras
sino en la dulce mirada
de tus ojos de cielo
en una aurora lejana.

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