Tus pupilas y mis pupilas
se miraron sorprendidas
y desde ese breve instante,
en mi alma casi dormida
se despertaron sentimientos
como de amor adolescente
sin importarme que el tiempo
hubiese plateado mis sienes.
Pudo más la alegría de tenerte
y me convertí en la sombra
de tu inseparable presencia
y me vestí de esperanzas,
de ilusiones, de nostalgias
y de la melancolía interminable
que me causan tus ausencias.

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