Cómo acercan
a las almas
las palabras,
los suspiros,
las miradas,
una risa franca
por casi todo
o por una nada.
Cómo alegran
nuestras vidas
esos momentos
compartidos
a la luz de la luna
encendida
o de un lucero
prendido al alba.
Y cómo se extraña,
cómo duele el alma
acongojada y herida
cuando esa cercanía
que tú tanto amas,
sin que lo merezcas,
cualquier día se marcha
y te acostumbras a su falta...
y te acostumbras a su falta...

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