Me dormí soñándote
y seguí soñándote dormida
y mientras más te soñaba,
más bonita era la vida,
me hice un nudo en tu espalda
para invitarte conmigo a soñar,
tu mano se apegó a la mía
y te sentí suavemente suspirar.
Y yo medio despierta deseaba
que la noche fuera eterna
aunque más ya no durmiera,
me bastaba en mi desvelo
con sentir que junto a mí dormías,
que eras árbol erguido en mi tierra
y entibiada en tus suspiros,
creí oír de tu boca un te quiero.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 28 de Agosto del 2013




