viernes, 6 de abril de 2018

Soledades







La soledad total y completa,
esa de no haber tenido cerca
a nadie aunque se viviera
en medio de una multitud,
esa de no tener esa presencia
que hiciera cortas las horas
y que embelleciera los días
aunque todo fuera quietud,
es una soledad que duele
pero es una soledad vaga,
una soledad sin nombre,
en cambio hay otra soledad
que sí lo tiene y no tan solo duele
sino que también hiere y mata
y es la soledad de una ausencia,
la de la noche oscura en la mirada,
la de esperar día a día una palabra
la de las lágrimas que caen calladas,
la de las preguntas sin respuesta,
la de los besos que murieron
ahogados en la boca,
la de los suspiros que quedaron
atrapados en el pecho,
la de los sueños que no fueron,
la de esas ansias tan locas de vivir 
una primavera en el invierno.
No, no duele más la soledad de la calma
que aquella que se vive por la ausencia
de la dulce mirada y las tiernas palabras
de aquel a quien se ha amado con el alma.

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