Lentamente el otoño ha aparecido
abriendo senderos en mi tierra,
el viento invita a las hojas a volar
y ellas se preparan con esmero
pintándose de oro, cobre y greda.
Los días se marchan más temprano,
la melancolía se toma las veredas
y a la luz de los faroles encendidos,
los enamorados caminan de la mano
robándose uno a otro besos furtivos.
Y entre todos ellos, caminamos tú y yo
bajo el cielo oscurecido y con estrellas,
tú me abrigas entre tus brazos tibios
pero los pobres pajarillos sienten frío
porque en las ramas ya no hay nidos.
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