Las melodías de una cítara,
de un violín o un acordeón,
me llenan el alma de ternura
porque me traen mil recuerdos
de lugares donde quise vivir
y un rosario de lágrimas rueda
por mis mejillas hoy sin color.
Una melodía siempre es la llave
que abre de par en par la cerradura
de un corazón que callado suspira
aunque tiene tanto, tanto por decir
y entre sus suspiros solo murmura
un nombre bendito que le inspira
todos sus sueños y versos de amor.

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