Por mirarme en tus ojos
que son todo mi mundo,
me perdí en tus alturas,
me quedé prisionera
de tu mirada hechicera
que clamaba ternura.
Me enamoré de tu boca
y del hablar profundo
de tus labios escondidos
y me guardé cada palabra
de nuestros ocasos heridos,
muy al fondo de mi alma.

No hay comentarios:
Publicar un comentario