Fueron tus ojos
dos flechas certeras
que una tarde de estío
me hirieron el alma.
Fue tu mirada
tan verde esmeralda
la que hizo diana
en este pecho mío.
Fue tu sonrisa
de luna en creciente
la que me dio motivos
de amarte por siempre.
Fueron tus besos
esa dulce manzana
que hizo agua mi boca
y me llenó de ganas.

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