El último beso del día,
ese que me da tu boca
cuando la noche llega,
tiene un dejo de eterno
porque anida en la mía
y allí se queda por horas
sumergido en mi silencio
hasta que el alba asoma
pintando de rosa el cielo
y tus labios ya despiertos
recorren mi cuerpo entero
dejando en mi piel tu aroma.
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