martes, 8 de marzo de 2011

A la Mujer, Pedro Pablo Vergara Meersohn




Eres aceite, vinagre,
pimienta negra,
imprescindible
y preciosa como la sal.
Fuerte y segura
como el ají y el ajo.
Das sabor a las cosas,
llenándolas de esencia,
eres el condimento vital.
Evidencias los sabores
en todo lo que tocas.
Eres el soporte cotidiano,
carne, alma y bondad.
Eres la amante audaz,
la esposa gentil,
la cocinera perfecta
y la compañera ideal.
Fuente interminable
de amor y sabiduría.
La mujer que quiero,
madre de mil hijos,
la trabajadora infatigable,
eres vida, viento y mar.
Mi mundo, mi amiga
la casa, el plato, la comida,
la sonrisa amplia, el agua
el gesto  preciso y el pan.
Eres la generosa mesa
donde todos se juntan,
la reina indiscutida,
centro en el centro del hogar.
Madre de corazón ancho
por tus venas corre la vida
y de tu amor se amamanta
el verbo y la humanidad.

jueves, 24 de febrero de 2011

A veces quisiera




A veces quisiera
caminar sin rumbo,
perderme en la noche
pensando en la nada,
sintiendo profundo,
dejando que el viento
aligere mis pensamientos,
borrando de un golpe
los dolores del mundo.

A veces siento que
mi sonrisa serena
escapa de mi rostro
trocándose en pena,
llevándose esperanzas
en secreto guardadas
por mi alma de mujer
de ilusiones siempre llena.

Será que no soy fuerte
para enfrentar la vida,
será que de verdad me muero
si por los labios que quiero
no me siento querida,
será que pido demasiado
y egoístamente me he dejado
envolver por mis sueños,
será que ya pasó mi tiempo
y debo hacer un alto
dejando partir mis anhelos?


María Elena Astorquiza V.
Santiago, 24 de febrero del 2011

Apegada a tu pecho




Hoy hace un poco de frío,
se está despidiendo el verano,
deja quedarme en tus brazos
hasta que el sol de la mañana
baje desde las montañas
y llegue a entibiar mi regazo.

Tenme apegada a tu pecho
sintiendo latir tu corazón,
que no hay mejor sintonía
que tus latidos palpitantes
confundidos con los míos
en un abrazo tierno y estrecho.

Yo te compensaré con mil besos
dejando mis labios grabados
en todo tu cuerpo que tanto quiero,
para que a lo largo de este día eterno
mientras trabajas y de mí estás lejos,
vayas sintiendo como de uno en uno
te van besando por mí en secreto.


María Elena Astorquiza V.
Santiago, 24 de Febrero del 2011

Quién nunca sintió penas de amor




Dicen que el corazón no duele,
que cuando ya no puede más,
simplemente, muere,
quien así lo dice seguramente
nunca estuvo enamorado
y no sabe el dolor que siente
un corazón decepcionado,
un corazón que espera
un dulce beso que no llega,
un corazón que ilusionado
ve pasar tristemente las horas
sin latir junto a ese pecho que añora.

Quien nunca sintió penas de amor
tampoco sabe que el corazón
se parte en dos literalmente
llorando una ausencia o un adiós,
sufriendo una herida lacerante
que de a poco cura la sal de las lágrimas
y la esperanza de un beso quemante
que le haga olvidar al que no recibió.

Para dar a luz una vida se sufre,
por amar con el alma también,
pero cualquier dolor se olvida
ante el rostro de un niño inocente
o la mirada tierna y sincera
de quién pudo causarte dolor
entregándote amor la vida entera.



María Elena Astorquiza V.
Santiago, 23 de Febrero del 2011

Si te escribiera una carta de amor




Si te escribiera una carta de amor,
tendría tantas cosas lindas que decirte
que no bastaría con una ni dos,
tendría que escribirte a lo menos veinte,
serían cartas tan largas y hermosas
escritas desde el fondo de mi corazón,
que hablaran de lo que siento por ti,
que te contaran cuanto cambió mi vida
desde ese día bendito en que llegaste a mí.

Las escribiría en papel blanco
y con un lápiz de carbón,
que no se corriera la tinta
ni pudieran borrarse las letras
con mis lágrimas de amor,
porque cuando escribo
siempre lloro al recordarte,
por la ternura que me inspiras,
por la necesidad que tengo
de suspirar cuando suspiras.
Porque cuando tú estás lejos,
me invade la nostalgia
y recordando tus besos
mis ojos se nublan esperando,
y es la luz de tu mirada
la que entonces ilumina mi alma,
porque es el cariño que me entregas
el que llena de caricias mis letras,
el que me invita a amarte
sin tiempo ni medida,
con la pasión inmensa
de una hoguera encendida,
para después de tenerte
ver dormir a mis ansias rendidas
dejando sin prisa correr el reloj
hasta entregarte de nuevo mi vida.



María Elena Astorquiza V.
Santiago, 23 de Febrero del 2011

Hay tres palabras




Hay tres palabras benditas
que van siempre unidas,
tres palabras conocidas
que hechas realidad y vida
resumen todo lo hermoso
que mi alma necesita.

Esas tres palabras concitan
lo más noble de mi existencia
y las voy escribiendo y viviendo
sin separar jamás a una de otra,
hermanadas en mis versos,
muy ligadas a tu presencia.

La primera estremeció mi alma
desde el momento en que te conocí,
acompañó mis horas,
complementó mi vivir,
me llena de dulces sensaciones
y hasta alguna vez por ella sufrí.

La segunda nació ya viviendo
mis días y noches junto a ti,
mirándome en la luz de tus ojos,
deslizando mis dedos en tu pelo,
acunándote en mi regazo,
viéndote tranquilamente dormir.

La tercera brotó impaciente
después de vivir las dos primeras
llevando a nuestras bocas
a fundirse en un beso divino,
invitando a nuestros cuerpos
a seguir amantes el mismo camino.

Palabras hermosas, palabras del alma
que se escriben mil veces más lindo
con la tinta de la madurez y la calma
del otoño dorado asentado en el corazón,
palabras que llenan de linda esperanza,
léelas y enséñame si hay un orden mejor,
La primera  Amor
La segunda Ternura
La tercera  Pasión……



María Elena Astorquiza V.
Santiago, 23 de Febrero del 2011

Si tu amor me quitas


Si tu amor me quitas,
la flor de mis besos
en vida se marchita,
no habría lluvia de
primavera por intensa
que ella fuera
que a mis tristes pétalos
hiciera revivir,
no habría unos ojos
cómo estos con
que tú me miras
que despertaran en mí
las ansias de amar a otro
como te amo a ti
con un amor sincero y
sin medida,
no habría otros labios
que como a los tuyos
cada noche quisiera besar,
ni otro pecho al que me atara
para que como tu pecho y el mío,
a un ritmo compartieran latidos.

Daría un poco
de luz a mi mirada,
sólo la necesaria
para no perderme
en la oscuridad de mi alma,
la alegría de mi sonrisa
se la regalaría a la brisa
para enamorar al viento,
y ya me confortaría saberlo
como antes tú, contento
y en la quietud del alba
cuando el sol radiante
viniera apareciendo,
miraría a la aurora temprana
con un dejo de esperanza,
buscando en ella un motivo
que se llevara mis penas
y que templando mis ansias
me ayudara a seguir viviendo.

María Elena Astorquiza V.
Santiago, 22 de Febrero del 2011