Yo respondía tus suspiros
con otros suspiros míos
que llegaban a tu boca
entibiados en mi aliento
como las gotas del rocío,
llevándote esas palabras
que quería decirte al oído
y que surgían de mi alma
con su bagaje de esperanzas
como si se hubiesen cumplido
pero tú sellaste mis labios
con tus dos dedos erguidos
y se quedaron mis versos,
mudos, sin destino conocido
atrapados en mi pecho,
ahogando en mis gemidos
y muriendo en mi silencio.




