Tristeza es la soledad que inunda mi alma,
esa que viene siempre que ella llama insistentemente
a tu ventana y tú ni la abres ni te asomas.
Tristeza es esa enorme piedra que mi camino obstruye
esas veces en que mis manos te buscan desesperadas,
y ya aferradas a tu imagen, en el aire te diluyes.
Tristeza es la desesperanza que me invade
cada vez mis labios quieren tus besos,
y tus labios adorados están de mi boca tan lejos.
Tristeza es darme cuenta que tú amor no llegas
cuando hermosa por la noche sale la luna,
y estoy sola para recorrer su sendero de plata.
Tristeza es ese vacío que mi corazón siente
si me despierta un lucero de madrugada
y no te tengo compartiendo mi almohada.
Tristeza es querer oír el cascabel de tu risa,
contemplarme en el espejo de tu mirada,
fundirme como el hielo entre tus brazos
embrujada por ese amor tuyo que me hechiza
y quedarme ahí en la quietud de la noche
quieta y sin oír ni sentir nada más que la pena
de saber que me faltas y llenar las horas
imaginando tu voz al decirme que me amas.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 22 de Diciembre del 2010

