Estreché mis pechos
contra tu pecho fuerte,
me aferré a tu cuello
me entibió tu aliento,
me envolvió tu cuerpo.
Fue entonces que el viento
cesó su correr inclemente
haciéndose eco y lamento
de un coro de estrellas
que desde el firmamento,
envidiosas e indiscretas,
te contemplaban desnudo
entre mis manos inquietas.
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