lunes, 2 de julio de 2018

Moría el ocaso





Te tuve en mis brazos
y aunque tú dormías,
quise amarte a solas
rompiendo el silencio
de tus pensamientos
con mi canto herido
de orilla sin olas.
Gritando tu nombre,
rasguñé tu espalda
y mordí tus brazos
ahogando en tu pecho
como si este hubiese sido
nuestro primer abrazo,
como si tú fueses un velero
con su velamen al viento,
sin cadenas ni amarras
y recalando inquieto
en las húmedas playas
de mi puerto estrecho,
en mi vientre dormido
de amor y de besos.
Y en esos momentos
en que lleno de calma,
asomado a la ventana
moría el ocaso,
fui tu novia desnuda,
la mitad de tu alma,
tu manto y tu cuna
y enjugando mi llanto
por sentirme tuya,
clamando a la luna,
con pasión y ternura
te acogí en mi regazo.


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