Hubo unos ojos de fuego
que se clavaron en los míos
y por sus destellos que ardían,
brotaron llamas en mis pupilas
y ríos de sangre en mis mejillas.
Hubo unos labios escondidos
que quisieron besar mi boca,
yo los amé al primer intento
y cuando creí que me besarían,
huyeron lejos detrás del viento.
Hubo un hombre de mar, marinero,
él me dijo un día que yo era bella,
creerlo de veras me llevó al cielo,
se derritió de amor mi alma entera
y por ir tras él me volví su estrella.

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